Aprendí a amarte desde la distancia,
a quererte sabiendo que te había perdido.
Cuantas canciones tristes te escribí,
sabiendo que jamás las ibas a escuchar.
Te fuiste y me rompí en mil pedazos
que tuve que aprender a reconstruir.
Me enseñaste a librar mis batallas,
a darme luz cuando había oscuridad.
Me enseñaste a respirar en medio de tanto caos,
aprendí día a día a sentir cada minuto de mi vida
como si en un segundo fuera a expirar.
Hubo un día que el viento alcanzo la cima de la montaña,
con la misma fragilidad con que el aire se ensancha
y yo aprendí a amarte desde la distancia.
Tu amor llego como el silencio en un acantilado:
ancho y profundo.
Paso por mi como si fuera una mariposa
que me llenaba de eternas caricias.
De repente todo cobro sentido
y aquel amor que un día me dio la vida
ahora me la quita.
Me rompí en mil pedazos
como si en un puzle me convirtiera
y día a día, poquito a poquito,
voy aprendiendo a juntar cada pieza.