Cuando tuve la certeza que me estaban engañando, un trozo de mi ser se apagó, una parte de la mujer que soy se desvaneció.
Tan absurdo como pensar que la culpa era mía por haber olvidado el matrimonio, por haber alejado aquella complicidad que nos unía al principio, por no haber regado el jardín de los sentimientos.
Con el tiempo dejé de culparme y entender que el ser humano siempre tiene dos caminos que escoger, en cada opción hay un aprendizaje y uno recoge los valores que van conformando su personalidad. Depende del trayecto tomado, el ser se encuentra en un punto de la balanza y depende de todos sus actos estar en el lado bueno o malo de la vida.
Con esto intento decir que da igual lo que suceda, lo importante es encontrar la paz en uno mismo, conocerse y sentir que estas en el lado correcto.
Después del duelo por la pérdida del amor, una se va reconstruyendo y se da cuenta que cada cosa que pasa es por algo, quizás necesité ese engaño para darme cuenta de lo que valía y que no estaba viviendo lo que merecía. Si no hubiera andado mis primeros pasos, no hubiera llegado al punto que estoy de mi vida. Gracias a cada cosa que ha pasado, hoy soy la mujer que soy.